*Publicado originalmente en marzo 2015
Ya empezó esa bonita época en que las bardas de recónditos pueblos se colorean de lemas y promesas y las calles de las ciudades se tapizan de basura. Millones de espectaculares, gallardetes, pintas y volantes adornados con frases vacías, sonrisas falsas y nombres desconocidos saturan el paisaje nacional.
Propaganda sin considerar las consecuencias
Tal parece que con el afán de acabar con el presupuesto asignado por el recientemente creado Instituto Nacional Electoral los partidos recurren a todo tipo de propaganda, sin considerar las consecuencias. La gente tolera cada vez menos tanta soberbia y despilfarro, por lo que han surgido iniciativas como #QuitaUnAnuncio que buscan terminar con la publicidad colocada en postes, áreas verdes, señalamientos viales y puentes, difusión ilegal de quienes pretenden gobernarnos en un futuro.
Además de esa abundante contaminación visual, los espectros electromagnéticos que atraviesan el territorio se inundan de verborrea política. Unos repiten hasta el cansancio que consiguieron sacar a los animales del circo, aunque no han logrado acabar con la plaga de roedores que asola Palacio Nacional, el Senado y el Congreso.
Otros le aplauden con cinismo al pueblo su ingenio para sobrevivir en un país golpeado por la pobreza e inseguridad que ellos mismos han generado; unos dicen que faltan 22,000 pero no hacen nada por encontrarlos; otros están optimistas y hablan de un despertar ciudadano, mientras otros utilizan el privilegio de poder dirigirse a la nación para decir que son ‘turquesa agüevo’.
La tortura corre por nuestra cuenta
Sí, ya inició otra vez ese genial periodo en que hay que soplarse anuncios en tele, radio, internet y hasta en el cine en los que partidos, políticos y ‘artistas’ de Televisa nos torturan prometiendo que ahora sí cambiarán al país, que ya por fin ahora sí ‘de veras de veritas’ se van a poner a hacer su trabajo.
Lo peor de todo es que la tortura corre por nuestra cuenta, toda esa publicidad sale de nuestros bolsillos, no se olvide que todo eso que será basura al día siguiente de las elecciones lo pagamos entre todos, sin duda una perversión de la democracia. Como si dijeran ¿Quieren democracia? Pues les va a salir cara.
Y ya sabemos lo que va a ocurrir, esos anuncios y toda esa publicidad sólo son la punta del iceberg, son el inicio de la crónica de un engaño anunciado. Pronto comenzarán oficialmente las campañas en las que los políticos propondrán soluciones para la complicada situación que se vive en el país, sin explicar, por qué no las están implementando actualmente, se atacarán unos a otros en cadena nacional con spots pagados y avalados por el INE, asistirán a estériles debates en los que lejos de solucionar algo o de menos dar un mensaje buscarán humillar a sus contrincantes.
Y ¿qué se gana con las campañas? Señores, no se necesita más basura en las calles, tampoco hace falta dividir más a una sociedad que se encuentra rota y lastimada. Por favor, sean serios.

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