Déjenme contarles del olvidado arte de afilar cuchillos y un mítico personaje de antaño, un enigmático ser del que quizá oyeron hablar en algún programa repetido de Jaime Maussan. Aunque quisiera si me lo permiten, antes de empezar a hablar de este oscuro habitante de la ciudad, hablar un poco de aquellos remotos tiempos en que se podría decir que este ser, se convirtió en leyenda.
Los turbulentos años 80
Como siempre habrá un poco de controversia al respecto, ya que este periodo ha sido catalogado por algunos historiadores de oscurantista, rudimentario, caótico e incluso apocalíptico, y con justa razón, fueron años de sequías, hambrunas, epidemias sexuales, guerras frías, amenazas nucleares y hasta del disco Thriller de Michael Jackson, por si fuera poco dicen que carecían de Wikipedia, Facebook y celulares.
Estoy hablando de los turbulentos años 80 y habrá quién los considere un “profundo pozo de inmundicia” para la humanidad, quizá sea por la ropa fosforescente, los mallones y el animal-print que se usaban, pero ahora que esa moda está de vuelta, se tiende a hablar de esos años con cierta benevolencia y decir que eran tiempos más sencillos. Parece ser que si la gente necesitaba saber algo, lo buscaba en un libro y que si la gente quería verse, se visitaban y si alguien quería decirte algo, pues simplemente te lo decía en la cara.
Parece que este tipo de conductas eran producto del estado primitivo de la economía en esos tiempos, las cosas no eran baratas, ni fáciles de conseguir. La pobre gente de esa época que rompía un plato, no podía comprar otro tan fácilmente como ahora, entonces era normal intentar pegarlo. Una persona en los ochentas no tiraba a la basura la ropa que ya no le quedaba, buscaba familiares o amigos que pudieran usarla.
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En esos extraños tiempos de crisis si la cerveza o el refresco se acababan, no tiraban los envases, los guardaban y los llevaban a la tienda y sólo pagaban el líquido ¡vaya aberración! También cuando iban al mercado, no te regalaban bolsas de plástico, tenías que llevar tu propia bolsa. Los miserables no tenían agua purificada en hermosas botellas de plástico, la mayoría la tomaba de la llave, aunque algunos pedantes pretendían que hirviéndola o agregándole cloro quedaba de veras limpia. Y bueno en este contexto, si un cuchillo se gastaba, no lo tirabas y comprabas uno nuevo fabricado a marchas forzadas en China, lo que debías hacer era invocar al afilador.
Un fauno moderno
Cuentan que no era necesario marcar por teléfono, escribir mails, sms, whatsapps o bajar una aplicación, y que en realidad no era necesario hacer nada. Lo único que se debía hacer era tener paciencia y esperar el día en que se oyera su característica musiquita en la calle, como el canto de las sirenas. Según lo que pude investigar este sonido tenía un aire sobrenatural y el afilador era como un fauno moderno que enrarecía la atmósfera con una flautita, aunque en vez de ser mitad cabra, el afilador era mitad bicicleta.
Al parecer este afilador era como un escultor que es capaz de descubrir figuras humanas en el mármol, sólo que de cuchillos viejos y oxidadas tijeras de jardinería obtenía agudísimos ángulos capaces de rebanar hasta un cabello humano de un tajo. Algunos incluso dicen que su musiquita era del diablo y que su conocimiento sobre las artes ocultas de afilar cuchillos y enderezar utensilios de cocina era un don otorgado en un pacto satánico con el mismisísimo Lucifer, por eso los niños huían a sus casas al oír su hipnótica música.

Las referencias documentales sobre este ente son escasas, por lo que hay personas que han cuestionado su existencia y lo equiparan con la llorona, el monstruo del lago Ness, el chupacabras o la justicia social, solo dos prestigiadas publicaciones de la época (El Alarma! y El Semanario de lo Insólito) hablan de una serie de homicidios que se dieron a conocer en esos años, aparentemente los crímenes fueron realizados con raros objetos extremadamente afilados por lo que se llegó a creer que un macabro afilador podía estar detrás, o al menos ser cómplice, de esos sangrientos asesinatos, aunque nada pudo ser comprobado nunca.
ES POSIBLE QUE TE LLAME LA ATENCIÓN: La nece(si)dad de escribir
Sólo me queda decir que lo más seguro es que el afilador sea un producto de todo lo que se vivía en esa realidad tan complicada, un modo en que la gente escapaba de sus problemas y buscaba darle sentido a sus vidas. Sí, yo sé que dirán que alguna vez oyeron su musiquita, pero yo me pregunto ¿alguna vez lo vieron?

Hola es hermoso todo lo que mencionas, ahora, si damos las tijeras o cuchillos al afilador, ademas somos tacaños, no se diga tratar de usar los zapatos, que llevaste con el zapatero, gracias, por tu reflexión, maravillosa!!!!
Muchas gracias por tu comentario Martha! Saludos.