Tengo un blog en el que rara vez escribo

Tengo un blog en el que rara vez escribo y casi nadie lee. Lo abrí hace años y después de publicar algunos textos viejos lo abandoné a su suerte, como a un niño en la gran ciudad, como a un perro en medio de la carretera.

«A word after a word after a word is power.»

«Una palabra después de una palabra después de una palabra es poder» Margaret Atwood

Tengo un blog

Quisiera decir que tengo una buena razón para abandonarlo, pero mentiría. Escribir es de las pocas cosas que disfruto hacer sin importar el cansancio o estado de ánimo. Prueba de ello son las libretas guardando letras y polvo que tengo en el librero y archivos de texto ocupando espacio en el disco duro de la computadora. Así que ante tan avasallante evidencia resulta imposible sostener alguna de esas falsedades. 

Entonces ¿por qué no escribo en el blog? Las razones pueden ser muchas y rebuscadas, como que ya nadie tiene tiempo de leer en estos tiempos veloces y rabiosos, o que resulta moralmente inaceptable saturar aún más el mundo de información inútil, pero otra vez mentiría. 

Miedos primitivos, nuevos temores

¿Qué nos impide lograr lo que queremos? ¿Qué hay debajo de las mentiras que nos decimos para permanecer inmóviles? La respuesta es sencilla: M-I-E-D-O. A veces tememos enfrentar la realidad y preferimos crearnos historias para evadirla. Pero ¿a qué le tenemos tanto pavor?  Supongo que a muchas cosas.

“We tell ourselves stories in order to live»

“Nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir” Joan Didion

Miedos primitivos, como la muerte, la mutilación, el dolor, la soledad y el fracaso siguen ahí. Nuevos temores surgen cada día. Está el miedo a perderse algo, el famoso FOMO, la nomofobia, la eco-ansiedad, los miedos asociados a la alimentación y mi favorito: la editiovultafobia, que es el miedo a las redes sociales.

Además de procrastinación, lo mío es atazagorafobia o miedo al olvido. Tengo experiencia escribiendo blogs que han caído en el limbo de la indiferencia. Me da pavor que esa historia se repita. Escribir para no ser leído. Escribir y ser olvidado. Aunque, si lo analizamos con detenimiento es paradójico no escribir por miedo al olvido.

Antídoto al olvido y la soledad

Recuerdo Grafémica en la universidad, aprendí que la escritura cuneiforme surgió con los sumerios para que deudas, títulos y leyes, no fueran olvidadas jamás y en el camino nos regalaron un antídoto para el olvido.

Habrá que sacudirse esos miedos. Escribir es más que rellenar libretas y archivos de texto para guardarlos, también es compartir ideas y sentimientos. La escritura no solo es el remedio al olvido, además es una solución para dejar de estar solo.

Tengo un blog y te invito a leerlo.

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